ESPACIO REAL

Mayo – Julio 2009

GALERÍA DE ARTE ASCASO

Las Mercedes, Caracas.

ESPACIO REAL

Autor

Varios Artistas

Curaduría

Bélgica Rodríguez

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Bélgica Rodríguez

VARIOS ARTISTAS

Por su carácter tridimensional, la escultura ocupa un espacio en el «espacio» del hombre. Expresa un significado «humanista» y un carácter seductor, precisamente por su disposición subjetiva para ser apreciada por el espectador de acuerdo a sus estados de ánimo. Llena un lugar, no solo físico-espacial, sino también espiritual. Tal como es el Ser Humano y su doble. La escultura es una práctica artística que ha producido excelentes obras en todos los tiempos y en todas las sociedades. Siempre relacionada a situaciones y accidentes comunitarios  de una cultura propia y ajena, aparte de ser vehículo de representación de sensaciones subjetivas y objetivas de quien las idea y realiza. Estos «objetos» tridimensionales han servido a varios propósitos, son el «fetiche» que nos representa. Venezuela, desde las últimas décadas del siglo pasado, puede considerarse como un país de tradición escultórica y cada día lo es más, como lo corrobora la amplia muestra Espacio real, escultura, esfuerzo de la Galería de Arte Ascaso.

 

A partir de la década de los cuarenta, el desarrollo de la escultura en Venezuela puede articularse alrededor de varios ejes orientadores en los que se percibe la presencia de una fuerza creativa original que se ajustó a ciertos principios democráticos coadyuvantes para un desarrollo vertiginoso que ha seguido su tangente ascendente hasta hoy. Desde su despegue hacia la contemporaneidad, el escultor venezolano se expresó en términos formales y conceptuales alejado de todo carácter romántico, alejado, también, de cargas temáticas literarias, para acercarse más hacia contenidos expresivos ligados a búsquedas de formas puras, a la preeminencia de la idea y el concepto (que no así a temas específicos), en estrecha relación con la experimentación con nuevos materiales y técnicas. Los cambios fundamentales de una tridimensionalidad figurativa, académica, como era lógico durante los primeros treinta años del Siglo XX, respondieron a procesos mentales ligados a la imaginación y a la necesidad del artista de consustanciales con su tiempo. Se basaron en el abandono de la reproducción representativa de los fenómenos visibles, en función de una búsqueda de los elementos que la conforman  y las leyes que la fundamentaban. Podría recordarse aquí la famosa frase de Naun Gabo: «el artista absorbe las ideas de su época y el clima que las condiciona».

 

Luego de varias décadas de escultura figurativa, heroica y dramática, al final de los años treinta, surge la figura de Francisco Narváez (primera exposición individual: Club Venezuela, 1938, pinturas y doce bustos, único escultor que citaré en este breve texto), quien separándose de la escultura estatuaria característica de la época, se enfrenta a la práctica escultórica con un sentido e intuición sin precedentes, ubicándose en la más absoluta contemporaneidad de la escultura internacional. Abre así, el Maestro Narváez caminos inéditos para la escultura en Venezuela. Estos caminos irían tejiendo referencias cruzadas a partir, no del artista productor, sino del protagonismo de la obra producida en el contexto de una escena local e internacional, a partir de consideraciones artísticas e históricas relativas a las vanguardias, tanto históricas como vigentes en esas circunstancias.  

 

La escultura monumental planteaba la obra a ser percibida, fundamentalmente, en un orden colectivo en el espacio público. A partir de los años cuarenta, la concepción de espacio variaría, diferenciándose en cuatro situaciones: el cambio en la imagen figurativa, el análisis del objeto abstracto, la pérdida de la «formalidad» pura y la formulación de propiedades estructurales no convencionales. Estas cuatro «situaciones», hicieron cambiar el formato académico de conceptualizar, realizar y percibir este nuevo «objeto» a ser presentado, con nuevos significados y significantes expresivos, ante el espectador y la historia. Estas consideraciones no deben relacionarse a un programa común u oficialista, puesto que fueron los artistas, sus intereses y preocupaciones, los protagonistas del cambio. Asociados al conocimiento de vanguardias contemporáneas, revelaron talento y originalidad en colocar el movimiento escultórico venezolano en un extraordinario nivel de calidad y cantidad. Figuración conceptual, expresionismo figurativo, abstracción, cinetismo, objetualismo, fueron reacciones simultáneas características de la efervescencia creativa que se dispara y así, a pesar de la disparidad de sus planteamientos, estos creadores formulan una unidad conceptual, que no había visto antes en la historia de la tridimensionalidad en Venezuela. No desecharon el pasado como tampoco el presente activo. Figurativos, que defino como conceptuales y expresionistas, convivieron con la absoluta geometría, con la abstracción orgánica, con el objeto «mágico», con la obra en movimiento o «expansionista», y todo esto hoy continúa desarrollándose al lado de la instalación y de otras maneras expresivas propias del siglo XXI, del que ya ha transcurrido una década.    

La muestra Espacio real, escultura, es un amplio abanico de las propuestas escultóricas desarrolladas desde esos años, cuarenta, cincuenta, sesenta y hasta nuestros días, que muestra al espectador el vigor de una práctica artística, que, a pesar de sus dificultades, continúa  en extraordinario ascenso. Lo más notable es que todas ellas, ubicadas en el núcleo que le corresponde, indican propuestas que rompen con tradiciones de ayer para buscar, y lograr, crear formas más apropiadas al sentido y sensibilidad que demanda el siglo XXI del arte.