PANCHO QUILICCI

Dibujante, grabador y pintor. Hijo del arquitecto Antonio Quilici y Elena de Quilici. En 1978 egresa del Instituto Neumann y ese mismo año estudia técnicas gráficas en el Cegra, donde fue alumno de Alirio Palacios, Luisa Palacios, Luisa Richter y Édgar Sánchez. Diseñador gráfico de la UNA, dio clases de técnicas de expresión en el Instituto Tecnológico Antonio José de Sucre (Caracas). Desde 1977 participa en exposiciones colectivas y salones, en los que ha sido premiado desde 1978. En 1981 recibe una beca y viaja a París, donde vive desde entonces. Desde temprano se destacó en el dibujo y, posteriormente, en el grabado y la pintura. Ha participado en ferias y exposiciones internacionales, como la “Exposición internacional de arte” de Chicago y la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de París.

En 1990, el gobierno francés le encarga la ejecución de un fresco para la villa de Arcueil y, al año siguiente, concibe la escenografía de Idomeneo para el Teatro de la Ópera de La Bastilla (París). Ese año expone “Un viaje al origen” (MBA), con obras fechadas entre 1989 y 1991, en las que destacaron los viajes rítmicos, el número multiplicado en el paisaje y la instalación. En la exposición colectiva “Venezuela. Nuevas cartografías y cosmogonías” (GAN, 1991) realizó El planeta se mira a sí mismo (1991, colección GAN), instalación en la que representó un templo imaginario en donde los cuatro elementos se unían simbólicamente para representar la naturaleza; la pieza estaba formada por un gran mosaico en acrílico, óleo, acuarela y grafito sobre tela, enmarcado por un peristilo de papel.

En 1998 expone “Errancias” (Sala RG), a partir de símbolos y arquetipos, donde presentó obras de gran formato como El gran vidrio (homenaje a Duchamp), realizado en aluminio, madera, cable y cristal, y El gran registro, una tela de siete metros. Quilici ha ilustrado revistas como Falso Cuaderno y La Gaveta Ilustrada.

En su obra, las referencias arquitectónicas son una constante que subraya características espaciales; inicialmente sus ámbitos eran cerrados y poblados ocasionalmente por seres fantásticos; posteriormente empezó a crear “paisajes simbólicos” y abandonados, ceñidos a formas geométricas. Quilici ha manejado las técnicas gráficas con singular virtuosismo, a la manera de Escher o Piranesi. De hecho, su uso de la mezzotinta, aguafuerte y aguatinta lo hace destacar entre sus contemporáneos. En su obra pictórica, en la cual mezcla las técnicas con libertad y acabado impecable, estas mismas visiones han sido ampliadas, sin abandonar las referencias al grabado, a partir de la representación de planos y croquis arquitectónicos. Su manejo espacial, para algunos relacionado con una visión futurista y casi mágica, se vale de tansparencias que sugieren varios elementos en un mismo plano, siempre con gran nitidez en el dibujo. Sobre este artista Roberto Guevara ha comentado: “la proximidad al pensamiento ha sido una constante en la obra que se ha propuesto Quilici […]. Está en el ámbito interior del hombre, en su pensamiento, fuente de los tres mundos o infinitos que el artista vislumbra: afuera lo infinitamente expansivo, adentro el microcosmos igualmente vasto, y entre los dos la complejidad que fluye al infinito” (1998). La GAN posee acrílicos, dibujos y una importante colección de grabados de este artista, datados entre 1979 y 1991.